Después de la cosecha de pitahaya

Pitahayas. Especial

Pitahayas. Especial

Por Lucía Miramontes

Esta historia comienza con un agradecimiento a la familia Pérez de San Marcos  Evangelista, Jalisco.

La pitahaya es una fruta de origen mexicano utilizada generalmente como comestible. En la era prehispánica también se utilizó como colorante natural. Se dice también que esta fruta tiene un gran contenido de antioxidantes. El único inconveniente que tienen es la temporada tan corta en que se producen: los meses de mayo y junio. Para las personas que gustan de comer este alimento es una pena no ingerirlo todo el año.

Pero hay muchas cosas que ignoran quienes las consumen (y quienes no también), por ejemplo lo que tienen que pasar quienes se dedican a la venta de este producto.

Un día normal para estas personas comienza a las 4 de la mañana, cuando recolectan su cosecha, ya cortadas las pitahayas se limpian intentando quitar la mayoría de las espinas para acomodarlas en los canastos, una capa de pitahayas,  una capa de alfalfa, esta última es una hierba aromática que las mantiene frescas, ya para las 7 de la mañana los canastos tiene que estar listos para salir.

Por ejemplo, esta familia de San Marcos Evangelista se traslada todos los días hacía Tlajomulco de Zúñiga desde hace 17 años, pero por asuntos administrativos este 2011 han tenido algunos problemas para hacer su trabajo. Todos los años se establecían en la plaza principal de este municipio pero en este periodo ya no pudieron hacerlo más porque cambiaron las reglas; ahora  está prohibido que se establezcan vendedores en esta plaza.

Estas personas tuvieron que buscar un lugar para vender sus cosechas y llegaron a un poblado muy cercano a la cabecera municipal del ya citado Tlajomulco: San Agustín y la verdad es que no les ha ido tan mal, el primer día terminaron con los canastos vacíos pero a eso de las 11 de la noche, es decir, haciendo cuentas, para esa momento ya tenía alrededor de 19 horas fuera de su casa y lejos de tres de sus cuatro hijos  porque  el más pequeño (de 8 meses de edad) los acompaña a todos lados, pero la hija de 17, el niño de 14 y la niña de 10 años tienen que ir a la escuela y regresar a casa para preparar la comida entre los tres, esperar a su hermano y a sus padres para cenar juntos, aún si son las 12 de la noche,  los esperan para convivir aún que sea unos minutos.

Este es un ejemplo de lo que son las ganas de salir adelante con lo que se tiene, porque esta familia bien pudo haber buscado un futuro en otro país, pero no lo hacen porque saben que el suyo tiene mucho que darles y que su tierra nunca los dejará sin comer.

Aún así,  hay una serie de preguntas que siempre me habían  intrigado y que hasta ahora pude resolver: ¿Qué viene después de la cosecha de la pitahaya? ¿Qué hacen para sacar a sus familias adelante las personas que nos venden las ricas pitahayas? Una charla de alrededor de 2 horas con  la señora Mary disipó estas incógnitas y varias más.

El camote de cerro (otro fruto proviniente de la tierra) que también es delicioso y nutritivo, eso es lo que sigue para esta gente.

“En julio comenzamos a sacar camote del cerro, bueno mi marido lo saca yo le ayudo a venderlo en San Marcos y él va a Zacoalco o a Acatlán” nos contó la señora Mary.

Este es otro trabajo difícil, porque el camote de cerro, como su nombre lo dice (valga la redundancia) lo sacan de la tierra de los cerro, sólo hay que imaginar por las que pasa estas personas para sacar a sus familias adelante.

Vender el camote no es tan difícil porque las cantidades en que se cosecha en comparación de las pitahayas son menos, pero sucede igual que con la venta de pitahayas, saben a qué hora salen de sus casas, pero no a qué hora regresan.

Además de estas actividades doña Mary comentó que durante las fiestas de su pueblo ella y su familia venden tacos de bistec, de chorizo y muchos más: “Este año las fiestas se retrasaron, son en  abril,  pero como cayó en cuaresma la pasaron para los primeros de mayo, la verdad que estuvo mejor porque ya había comenzado la cosecha de pitahaya y la gente del pueblo ya traía dinero”

El comercio es lo de esta gente, ya sea que vendan pitahayas en mayo y junio, camotes durante otros meses del año, tacos en las fiesta del pueblo o cacahuates  afuera de su casa, nos demuestran que por sus familias y por salir adelante, venden lo que sea que la tierra les  de.

 

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