El perro con un destino

La última imagen de Harbeth.

La última imagen de Harbeth.

Perro inquieto, lindo, tierno y esponjoso,  así era como lo describía la mayoría de las personas.

Pero ese mismo perro, Harberth, que estaba tan cansado de una vida tan común, un día decidió salir de su rutina en busca de algo, no estaba seguro de lo que era, pero sabía que debería ser espectacular  ya que de eso dependería su destino.

Entonces, cuando su amo lo sacó a pasear, hizo la más grande elección.  Se desprendió de la correa y corrió con el fin de no ser alcanzado.

Cualquiera pensaría que estaba perdido, pero él era el único que sabía en verdad lo que deseaba, no estaba perdido, estaba buscando.

Caminaba guiado por su olfato pues aún sin saber lo que quería encontrar pensó: “Algo especial debe oler de manera especial”. Con ese pensamiento, recorrió algunas calles. Primero llegó a una frutería y aun cuando el olor le encantó, no le gustó la señora gorda que casi lo pisa por tratar de alcanzar un panecillo del estante alto.

Luego se topó con un taller mecánico, había más perros, a él le gustaba jugar con otros perros, pero su dueño no lo dejaba acercarse a otros canes porque “no quería que le pegaran las pulgas”. Inmediatamente salió corriendo de ahí cuando un rotwiller le ladró y enseguida se le lanzó encima para morderlo.

“Esto no me habría pasado si me hubiera quedado en mi casa”, pensó.  Aún asustado y temblando reconsideró el regresar con su dueño. Pero al recobrar el aliento regresó su determinación, no había abandonado su hogar para volver como un bobo asustado.

Cruzó algunas calles, cada vez más entusiasmado a pesar del percance, pues algo en su interior (y en su nariz) le aseguraba que se acercaba a su victoria.

Y pasó. De pronto se quedó quieto, enfocando su mirada en una sola cosa: un lote baldío y una jauría de perros callejeros hurgando entre la basura, rompiendo las bolsas y olisqueando cosas desagradables (al menos para el olfato humano). Desde el baldío, un perro le ladró de manera agradable, como si lo estuviera invitando a su casa. Entonces lo supo. Ese era su lugar. Amigos perros, comida por todos lados, ahí nadie lo regañaría por subirse al sillón rojo con un resorte saltado porque no había humanos que los vigilaran. Ni que los bañaran.

Agitó su cola con emoción dispuesto a cruzar rápidamente. Pero al intentar alcanzar el sueño encontrado, una camioneta azul 4×4 le pasó encima y murió.

No sólo Harberth fue arrollado, también atropellaron sus sueños, que aun sin haber llegado a realizarse le dieron a Harberth el día más feliz de su vida porque en su último aliento notó que logró realizar lo que casi nadie (ni perros ni humanos) alcanza: hacer lo que en realidad quería hacer en la vida.

FIN

Dato: Harbeth existe, es un personaje real, aún está vivo, pero sirvió de inspiración para este cuento dado que en una ocssión sí escapó, pero sí volvió a casa sin daño alguno.

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