Los girasoles de mi alma

La chica amaba al chico, el chico decía hacerlo también.

En una de esos giros desafortunados en que sólo uno de los indiciados tiene conciencia de lo que está pasando, la chica se quedó sola.

No era que la chica no hubiera hecho algo para propiciar la separación, pero a veces las omisiones pesan más que las peores acciones, ya que el sentimiento contrario al amor es la indiferencia, no el odio.

A continuación, está la descripción de lo que la chica tuvo que pasar para reconciliarse consigo misma y con el orquestador de sus desgracias, pero siempre con la clara idea de que la única forma de salir de una depresión de ese tamaño, era por su propio pie y para sí misma, considerando sus fallas, con la firme convicción de avanzar  siempre a toda costa.

Cada una de las flores que ves ahí enumera las razones por las cuales decidí perdonarte y olvidar lo que nos pasó.

Obviamente al principio no entendía, o mejor dicho no aceptaba mi nueva realidad y viví sumergida en el “¿Por qué?”, intentaba entender porque no confiaste en mí hasta que noté que noté que tu actitud no fue cuestión de confianza sino de prudencia, era demasiado pronto como para ser completamente sincero, apareció el primer girasol,  la primera señal de reconciliación con ambos.

Sin embargo la furia inmensa aún no cedía del todo, seguía buscando la paz que tenía antes de estar contigo, decidí ignorarte, si nuestra relación ya no era la misma no había razón para seguir preocupándome por ti; un girasol más.

Muy lentamente iba comprendiendo que si ya no me hacías bien, tampoco debías hacerme mal, a veces hay personas que nos muestran cosas maravillosas pero solo un momento, después se van y es todo, no podía enojarme contigo por eso. Cada flor era como un premio, como una estrellita de las que le dan a los niños del kinder.

Cada vez te toleraba más, ya eras de nuevo un ser humano y no el monstruo que había prometido no romperme el corazón, que dejó hecho polvo el polvo que ya llevaba yo en el pecho.

Al superar esta parte agregué dos flores más porque fue el paso más difícil tomado hasta hoy, reconocer que era tu humanidad lo que te permitía equivocarte, sumando a esto una flor extra, pues comprendí también que en parte no te perdonaba del todo por no perdonarme a mí, fue un conflicto contra mí por haberme permitido caer en tu encanto, por no notar el porqué de tus acciones y no reflexionar en el porqué de las mías. No fue toda tu culpa, las circunstancias y yo contribuimos mucho, eso significó para mí liberación al noventa por ciento y dos girasoles más, ahora el jarrón lucía más hermoso al igual que mi situación emocional.

Cuando supe que estaba al cien por ciento curada de ti fue aquella vez que estabas sentado en el suelo a dos metros de mi silla, dejé de pensar en todo y la presión en mi pecho desapareció, supe que te había perdonado.

Ahora cada girasol me muestra la luz, me muestra hacia donde debo ver con los ojos bien abiertos, hacia donde giran ellos, al sol.

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