Hugo el indigente contador

Hugo alguna vez fue un hombre con familia, casa, trabajo y cosas importantes de qué ocuparse en la vida.

Un día, después de la devaluación del 94, lo perdió todo, hasta la razón, y terminó vagando por las calles.

Nunca nadie supo de manera exacta como fue que su familia lo abandonó, lo cierto es que la mayoría del tiempo se la pasaba recitando números sin parar, pues antes de que todo sucediera, era contador de profesión.  Algunas veces dibujaba con su dedo la “casita” que se utiliza para dividir y hacía sus cuentas en el aire, o en las paredes.

Alguna vez, una señora me contó que iba por la calle con su hijo, lo estaba regañando porque no sabía sumar y lo habían castigado en la escuela. La señora le decía: “¿Cuánto son dos más dos?” Y de repente, del otro lado de la calle se escuchó de la voz de Hugo: “Cuatro”.

La señora rió con extrañeza, porque jamás pensó recibir la respuesta del “loquito que diario anda por la calle”. Luego gritó, para sacarse la duda de que hubiera sido un golpe de suerte: ¿Ocho por ocho? Y de nuevo Hugo contestó: “64” Y siguió por la calle con su rezo de números habitual.

Hugo era pacífico nunca se supo que agrediera a alguna persona, de hecho no inspiraba el miedo usual que a veces de manera infundada provocan las personas en situación de calle, tampoco era maltratado, bueno, no faltaba quien se burlara de él, pero generalmente encontraba quién le ofreciera comida, o que le diera un par de zapatos usados para que cambiara los que traía, era del tipo de persona que estaba dañada mentalmente, no moralmente. Algunas veces (muy contadas dado su aspecto) le pedían que hiciera mandados a cambio de comida, y los llevaba a cabo de manera satisfactoria.

Era muy listo, a veces de no ser por su suciedad pasaba por una persona sana porque en sus ratos de lucidez hilaba ideas muy interesantes.

Yo ya no las recuerdo (tenía alrededor de 5 años), pero recuerdo la cara de sorpresa de mi madre al escucharlo hablar. De hecho, muy poca gente lo recuerda porque nadie ponía atención en sus palabras, pero de haberlo hecho, seguro habría algo muy interesante qué escuchar. Una persona que vive así los días, a la expectativa de las circunstancias, el clima, la sociedad y la razón, debió tener mucho que decir.

Hugo murió hace como 5 años, atropellado en la Av. Lázaro Cárdenas. No hubo testigos, ni juicio, ni culpable, mucho menos castigo.

Nadie reclamó su cuerpo, ni despidió su alma o sintió su ausencia.

La indiferencia es el peor sentimiento, porque relega a las personas, a figuar en una lista de la que nadie se hace cargo o se preocupa: La de los olvidados.

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: