Los muertos de nunca acabar

Por Gladys Trujillo

(Este espacio es más una opinión personal que colaboración periodística, con el afán de promover la acción ciudadana, sin que suene a slogan político, ser periodista no le quita a la autora el ser ciudadana)

Hace unos días se cumplió un año del descubrimiento de los mal llamados “Muertos de San Fernando”.

Ayer, un ataque en contra de un casino en Monterrey con un saldo hasta el momento de 52 muertos.

Los 40 mil muertos hasta 2010 en la administración de Felipe Calderón y los más de 8 mil que suman en lo que va del mes.

Un perrito colgado de un asta bandera por un comandante del Colegio de Policía de Nezahualcóyotl.

Haciendo paréntesis:  ¿Por qué no es correcto llamarlos “muertos de…”? Porque al decir “muerto” o “murió” refiere causas naturales sin factores externos que provoquen el deceso, sin la participación de otro sujeto que prive de la vida. Sin duda, en los casos mencionados arriba esta palabra se vuelve imprecisa dado que las los decesos fueron forzados, es decir, asesinados.

El común denominador como es obvio es la violencia, el casi estado de ingobernabilidad al que estamos llegando, la indiferencia de las autoridades y en algunos casos hasta de la propia sociedad.

El movimiento del señor Sicilia es sin duda la muestra de que no estamos del todo insensibles a lo que sucede, miles de testimonios y señales de apoyo a la causa son prueba válida de los que estamos hasta la madre de tanta injusticia en la administración de un gobernante que prometió una cosa totalmente distinta ya que, abierto el camino por Fox, se supondría que la llegada de los candidatos panistas al poder representarían un cambio en la forma de gobernar México. Y lo lograron, pero no de la forma en que lo planearon.

Sin afán de criticar lo que por sí solo da armas para ser cuestionado, hay que mencionar que no es sencillo ver y vivir una época en que los alguna vez poderosos policías caen uno a uno a causa de la violencia justo por la inacción de los estratos de gobierno. Si las personas que están a cargo de nuestra seguridad se ven vulneradas de esta forma, ¿Qué nos espera a todos los demás?

Llegando al punto al que deseo llegar en esta ocasión, es de vital importancia hacer énfasis en lo que como ciudadanos podemos hacer, sin intentar poner todo en manos de los gobernantes, cada uno en mayor o menor grado tenemos culpa de algo, ya sea por acto u omisión.

-Principalmente y a tener en cuenta para las próximas elecciones, debería ser cuestionado el criterio de que hacemos uso para elegir un gobernante, no es cosa de votar por quien ofrece los mejores beneficios, sino por quien ofrece un plan íntegro, específico y entendible para logarlos.

-Hacer caso de los anuncios oficiales: Una vez en la televisión vi un promocional del gobierno que decía “No debes esperar a que termine la administración para exigir cuentas” Esto referente a que el ciudadano tiene el poder de señalar lo que no se ha completado de las promesas de campaña para hacer que se cumplan completamente. Es cierto que a nadie le gusta la política o no la entiende (entendemos) pero, involucrándonos y participando de ella será como obtendremos los resultados que esperamos. Cabe destacar también lo siguiente: Una vez que se tengan los datos de lo que el presidente o gobernador en turno no cumplió, al término de la administración se puede levantar una denuncia. Estoy de acuerdo que tal vez no prospere, pero será señal de que estamos entrando a la “Era de la consciencia”.

-Hay situaciones que no podemos controlar ni con los llamados de atención que hacemos a las autoridades, pero en medida de lo posible, no por eso significa que no hagamos nada. Los temas de seguridad son delicados pero no por eso debemos deslindarnos de ellos. Hacer rondas para evitar los merodeadores, estar alerta para evitar ataques contra las personas. No salir solos. Vigilar a los pequeños de cerca. Avisar el destino y quién nos acompaña a determinado lugar. La seguridad no sólo tiene que ver con el narco. No olvidemos eso.

Entiendo que con el título, el cuerpo y el final no parecerá una colaboración congruente, pero se debe entender que los grandes problemas de nuestra sociedad viene de las fibras más pequeñas de la misma. Consecuentar una cultura de conformismo y de falta de denuncia, propicia las mayores catástrofes. Un pequeño caso de corrupción desencadena con uno más grande, agentes de tránsito, René Bejarano, Carlos Ahumada por citar algunos.

Pensemos y actuemos. Hay quién dice que las escaleras se barren desde arriba, pero los grandes cambios, vienen desde las raíces.

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