Septiembre 2011

Por Gladys Trujillo

Pasado un año de la prominente celebración del Bicentenario y que casi se sellaran los documentos que tienen inscrita la cuenta del gasto del festejo, este septiembre no hay excusa o distracción para los recientes hechos, de los cuales, más que criticar a los que no se hace (que ya es demasiado evidente la falta de contundencia de la clase política) debebería prestarse para la reflexión, pero principalmente para la acción y redescurbir (si es que se tuvo idea alguna vez) el significado del patriotismo, esa palabra que por extensión territorial y usos y costumbres afines derivada de la misma nos une, que por las similitudes físicas y de necesidades debería ser la punta de la lanza del cambio necesario y definitivo.

Un ejemplo claro del tipo de acciones que podríamos tomar como sociedad, sería el descrito por José Saramago en el libro “Ensayo sobre la lucidez” donde, una vez que los habitantes de una ciudad sin nombre deciden votar en blanco en dos tandas electorales, los estratos de gobierno deciden abandonar esta capital, esperando con esto que sucumban ante el pánico que supone el quedarse sin protección policial, deduciendo dichos gobernantes que sin ley, no habría freno para el crimen, además de dejar de brindar servicios básicos como la recolección de basura. Tal fue la sorpresa de los oficiales de la novela, y del lector, cuando al día siguiente de saberse abandonados, todos salen de sus casas casi al mismo tiempo a barrer el frente de sus respectivas casas, haciéndose cargo de sus necesidades y demostrando que la política poco tiene que ver con la voluntad.

Suena utópico, pero solo la parte donde todos votan el blanco y la fuerza política se va (en la realidad, los políticos son como la energía, no se crean ni se destruyen, sólo se transforman) la fuerza de la razón es más fuerte que la indiferencia de tal o cual funcionario.

Septiembre es un símbolo que debería ir más allá de una burda celebración, de ir a los centros históricos a gritar nombres de personas muertas de las que no sabemos nada, ni de embrigarse y gritar “¡VIVA MÉXICO!” (la palabra “cabrones” es opcional), de enfrascarse en un patriotismo sin sentido que solo se hace presente en los partidos de fútbol.

Para demostrar verdadero patriotismo, hagamos algo verdaderamente relevante, relevante, no mediático, desde no tirar la  basura en el piso, respetar al peatón, ignorar al vecino molesto en lugar de atacarlo, ceder los asientos en los buses, prestar atención la los niños, para nada insignificante dado que por pequeño que es el cambio, el resultado es mayormente satisfactorio.

Demasiado desvarío para una sola intervención. Por lo pronto: ¡Feliz mes patrio!

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