Madres

Por Gladys Trujillo

Todos tenemos una madre. Todos. Al menos biológica, pero ese es otro tema que se abordará en otra ocasión.

Lo cierto es que, independientemente del cariño o respeto que le profesemos, siempre está en nuestra mente. Y boca.

Una vez un maestro de la universidad dijo en clase que el límite de nuestro mundo está en las palabras que usamos para describirlo.

El límite del mexicano (frase genérica que no se puede avalar con datos precisos) ronda alrededor de la madre.

Cuando “madre” ya no significa “progenitora”

Con la palabra “madre” sucede algo similar a la palabra “chingar”. Su uso se adecua a muchas situaciones.

Por ejemplo:

“Puta madre” es sin duda una expresión de molestia que sobrepasa el enojo simple.

Vale madre: No sirve, no funciona. Evidente contradicción teniendo en cuenta la alta estima en que se tiene a este ser creador.

Está poca madre: Increíble, fascinante, de lujo.

Santa madre: Frase más conservadora que significa asombro.

Está hasta la madre: Denota lejanía o lleno total.

Ni madres: No rotundo.

Chinga tu madre: Ofensa máxima que se puede proferir a un mexicano, pues dependiendo el país la expresión varía, pero la intención es la misma: Denostar a la madre del otro.

A la madre: Se usa para desistir de algo.

Me tiene (s) hasta la madre: Exasperación total causada por un sujeto determinado o una simple situación.

No tiene (s) madre: Tiene dos usos. Decir “no tiene madre” es similar al uso de “poca madre” y generalmente se usa para describir objetos y situaciones. Cuando se le dice a alguien “no tienes madre” seguramente está relacionado con la falta de vergüenza, sensatez, racionalidad entre otras cosas de la persona en cuestión.

En la madre: Frase que antecede el anuncio de que algo salió o saldrá mal.

Cabe destacar que faltan muchísimas frases más. Sin embargo, es un pequeño ejercicio en el cuál, a pesar de la relación que llevamos con nuestras madres, demuestra que siempre pensamos en ellas, pero que no les hicimos mucho caso cuando nos insistían con el típico: “¡No digas groserías!” Aun así estas frases son a manera de “tributo”, algo similar a lo que hiciera Bart Simpson en aquel capítulo navideño en que se tatúa en el brazo la frase “I love you mom”.

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