Hazme un hijo

Por Gladys Trujillo

Embarazarse es un asunto difícil, especialmente cuando no se planea estarlo. Y se vuelve más complicado cuando se tienen 17 años.

Hazme un hijo: Falso documental del un suceso imbécil y hormonal es una obra que refleja todo eso.

Lara tiene 17 y está embaraza de su primer novio, Toro, quien de buenas a primeras cuestiona su paternidad.  Lara no ha tenido sexo con nadie más.

Pero no es su único problema. No sabe si tendrá al bebé, si abortará y tampoco tiene el valor de decírselo a sus padres, quienes creen que su hija es virgen.

Pero este embarazo tiene muchos otros testimonios. Habla la prueba de embarazo. Dice que no existe error y que Lara no puede engañarse, en efecto espera un bebé.

También tiene que lidiar con su hermana, Claudia, que es la única persona de su familia que lo sabe y se ha convertido en su único apoyo. Pero en ocasiones se vuelve tan maniática, que presiona a Lara a tomar una decisión. Claudia le propone que aborte y le explica las razones para hacerlo

Otro personaje que sabe el secreto es Patán, el perro, quien a lo largo de la obra aborda el embarazo desde su perspectiva, ya que habiendo un nuevo ser indefenso a en la casa para cuidar y defender, se cuestiona su propia existencia, se pregunta si seguirá siendo querido por sus dueños, o si debe llamar al nuevo bebé “hermano”.

Habla también el condón. Se defiende de las acusaciones que lo responsabilizan de ser quien permitió la fecundación. Dice que fue Toro quien no supo usarlo, que el joven veinteañero estaba más concentrado en lo que le dictaban las hormonas que en cuidarse.

El pene erecto de Toro, comenta que él hizo todo lo posible por no dejar salir el semen, pero que, en todo caso, solo estaba cumpliendo su trabajo y que el verdadero culpable es el espermatozoide que fecundó al óvulo en el útero de Lara.

Así son los embarazos adolescentes. Todos los factores involucrados tienen la culpa excepto la pareja en cuestión. Lo cierto es que en estas circunstancias no importa quién hizo qué cosa, si no cómo se resolverá el conflicto.

Y en eso piensa Lara toda la obra. A veces está convencida de abortar, porque, como le ha dicho su hermana la bióloga, antes de 65 días el embrión no es un ser vivo.

Otros días, piensa en tener al niño o niña, porque así seguirá en contacto con Toro (quien ya se hizo a un lado a esta altura de la obra) y tal vez, en una de esas ocasiones, él se dé cuenta de que sí quiere formar familia con Lara.

Pero la decisión es solo de ella. Ella sola. Es ella quien tiene al bebé dentro, quien sufrirá cambios en su cuerpo y estado de ánimo. Solo ella, porque, en la obra (como en la realidad) los personajes hablan de cómo cuidarse para no tener que responsabilizarse de un bebé cuando no se está listo, pero nadie les explica como tener sexo responsable (que no es lo mismo).

Al final, un día, un muy buen día, las dudas y los miedos de Lara, desaparecen.

Esta obra se realiza en el Estudio Diana, en las inmediaciones del Teatro Diana (ciudad de Guadalajara), su costo es accesible y está disponible los sábados a la 1 pm hasta el 28 de octubre.

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