Guadalajara presenta: La danza de los Viejitos.

Por Gladys Trujillo

Guadalajara se ha convertido en un gran escenario para la representación de espectáculos.

Y no me refiero a los teatros de la ciudad, ni sus centros de entretenimiento.

Hablo de las calles del Centro Histórico, donde esta semana se presentó, de manera improvisada, la Danza de los Viejitos.

La gente se acercó e hizo círculo para admirar de cerca la representación. Los niños reían encantados mientras los adultos explicaban de qué se trataba la danza.

Luego, uno de los danzantes se quitó el sombrero para pedir cooperación voluntaria. Los menos se alejaron del lugar, pero las aportaciones fluyeron.

El espectáculo terminó y los danzantes se sentaron a descansar. De repente la circulación de las personas volvió a la normalidad, aunque la gente caminaba despacio al ver los disfraces y los sombreros característicos de “los viejitos”.

La siguiente función inició 10 minutos después de su descanso.

  1. Les comparto mi poema, inspirado en esa bellísima tradición . . .

    LA DANZA DE LOS VIEJITOS

    “El célebre Tata Vasco, vio bailar viejo tarasco.”

    La Danza de los Viejitos,
    bastones, máscaras, mitos,
    con su traje peculiar,
    lucen, brillan a radiar.

    Que lindos esos atuendos,
    dignos de hombres estupendos,
    son por todos admirados
    los “uarharis” encorvados.

    De Jarácuaro su alma,
    usan sombreros de palma,
    les cuelgan varios listones,
    de Michoacán son pendones.

    Gabanes, rojos colores,
    grecas negras, ¡son señores!,
    es nívea la lana
    que los engalana.

    Muy vistosa esa franela,
    ¡que toquen “Flor de Canela”!
    y luego “La Golondrina”,
    esa pieza es su madrina.

    Camisas de manta blanca,
    calzones de poca zanca,
    sus finos bordados
    están bien labrados.

    Calzado incansable
    de cuero o baqueta,
    la suela admirable
    resuena coqueta.

    Un bastón que no se quiebra,
    la madera tiene un don,
    parece hasta que celebra,
    es muy fino ese bordón.

    Son expertos danzarines
    y ya carecen de muelas,
    bien escuchan los violines,
    contrabajos, las vihuelas.

    Tienen mucha resistencia,
    que bailen “La Competencia”,
    purépecha melodía
    que alegra la luz del día.

    Para éllos, su gran edad,
    es poca, una nimiedad,
    no hay fatiga en el danzar,
    jamás quieren descansar.

    Sus achaques y temblores,
    hablan de sus mil amores,
    en máscara la sonrisa
    porque no les corre prisa.

    Su patrón, el Niño Dios,
    nunca les dará un adiós,
    “t’arhepitis” lo han consentido,
    desde muy recién nacido.

    Benditos están sus pies,
    pocas veces un traspiés,
    ¡que pegue bien el huarache
    contra el piso, que retache!

    Que sacudan la polilla,
    son toda una maravilla,
    es verdad, están longevos,
    ¡pero le echan muchos hue . . .!

    Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda Morelia, Michoacán, México, abril del 2010.
    Reg. INDAUTOR 03-2010-102913333100-14
    Dedicado a mi ahijado, José Alexis López Gabriel.

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