Crónicas animales: Kimba, perro de pelea

Esta es no es la Kimba real, es una imagen ilustrativa

Esta es no es la Kimba real, es una imagen ilustrativa

Por Gladys Trujillo

Cuando Kimba llegó al barrio, no pasaba de los dos meses de edad, pero su aspecto daba cuenta de lo fuerte que era, y lo que llegaría a ser, a esa edad nadie le tiene miedo a un cachorro, pero esta perra era poco común hasta entonces en la colonia.

Por sus características físicas es lo que se considera un perro de pelea, pit bull terrier americano para ser precisos, de cara chata, garras fuertes y mandíbulas poderosas, Kimba era color blanco con miel. Al principio se dejaba acariciar por cuanto curiosos pasaba por la calle, pero poco a poco los juegos se volvieron más rudos dada la naturaleza del animal. Salvo su amo, nadie más la tocaba después de que cumplió los seis meses.

No sólo la genética contribuyó a su posterior comportamiento, su dueño se encargaba de aleccionarla para atacar, a la perra le bastaba un silbido para lanzarse contra lo que le indicaran.

Alguna vez, después de ser azuzada por su dueño y amigos, fue liberada de su correa para que dañara a un gatito de pocos meses de nacido que caminaba por el estacionamiento de una unidad habitacional; corrió a toda velocidad, abrió el hocico  tan grande como le permitió su mandíbula, atrapó al gato y lo masticó hasta la muerte. Todos reían, por las ventanas de los edificios que daban al aparcadero se asomaron vecinos curiosos y con mirada acusadora sentenciaron el hecho, pero no lo denunciaron, a pesar de que en Guadalajara existe un reglamento que prohíbe acciones que deriven en la conducta violenta de un animal considerado peligroso.

No era para menos, su dueño es líder de una pandilla en Miravalle y se dedica a cierto turbio negocio ilícito que gusta de la intimidación para llevar a cabo sus labores y expresar el mensaje de supremacía que predican, así que de manera usual paseaban “Rome” (dueño de Kimba) “El Pizca”, “Barney” “Melvin”, “El More” y otros seis sujetos más por toda la colonia con la gran perra que era la mascota de la banda, repartiendo producto y cobrando la mercancía, so pena que de no cumplir con los pagos prometidos, el moroso se vería sometido, primero a la furia del animal, y después a la inconformidad de los chicos, algo así como la versión real de la imagen promocional de cierto video juego para consola.

Ya fuera por miedo o respeto, quienes cruzaban cierto camino que lleva a una tiendita de  la colonia cercana a la casa de “Kimba”, hacían una gran vuelta para no toparse con ella, pues a pesar de que no siempre era agresiva, al año dos meses de edad ya era enorme y cualquiera que la inquietara, como mínimo, se llevaba tremendos ladridos de advertencia, aún estando atada; cuando andaba suelta era muy raro ver alguna persona alrededor de “su edificio”.

Al principio como parte de su entrenamiento regular el “Kimba” atacaba a otros perros, no los lastimaba de manera mortal, sólo los revolcaba dejándoles heridas menores, pero resulta que por la fiereza que demostraba, a algún miembro de la banda le pareció bien llevarla a competir en peleas.

A nadie le consta, pero las marcas que el cuerpo de la perra mostraba no eran propias de un accidente sino de un ataque, el tiempo confirmaría las sospechas porque hubo un periodo en que sujetos desconocidos llegaban a la colonia con sus perros, Los Juniors (la pandilla del dueño de Kimba) subían a sus autos y se perdían por horas con la perra.

La señal de la victoria en la contienda de Kimba se traducía en una noche con la música del estéreo de la camioneta de “Rome” a todo volúmen y bastante alcohol, el animal era curado y consentido, al menos hasta la sigueinte pelea.

Así pasaron alguno meses hasta que se supo que Kimba estaba preñada, pero en lugar de preocuparse, sus dueños decidieron seguir sacándole provecho, sólo que ahora en lugar de exponerla en combate, la convirtieron en una incubadora de cachorros de pelea.

Alrededor de seis camadas fueron comerciadas con seguridad, luego la salud de la perra se fue deteriorando, dos camadas después, fue imposible seguir usándola para procrear, y ya era muy vieja para pelear, así que por fin, se convirtió en mascota.

Nunca dejó de ser parte de la pandilla, de hecho, era una especie de guardia para los Juniors, especialmente para “El Pizca”, que llevaba días peleando con un joven de una banda rival y que no lo dejaba en paz, hasta que un día, cuando salió con Kimba, se le hizo fácil hacerla que atacara a su enemigo.

Eso fue todo, días después un sujeto desconocido entró al terreno de los Junior y atacó a Kimba mientras estaba atada afuera de su casa. La apedreó hasta que el animal dejó de moverse.

“Nadie” se dio cuenta del ataque, pero si algo es seguro en la tierra de nadie es que quien ose atacar a alguien de la banda, recibirá castigo.

No se sabe a ciencia cierta qué pasó, pero “Rome” cazó varios días al sujeto que atacó a su mascota. Es día que no se sabe de él.

El legado de Kimba no terminó ahí, ahora uno de sus cachorros ha tomado su lugar de guardián, es un macho, este no presenta señales de violencia, tal vez aún es muy joven, pero tiene el instinto agresivo de su madre, a este sí le ponen bozal.

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