El pseudo orgullo nacional futbolero

Mexico-vs-Costa-Rica-240812Por Gladys Trujillo

Antecedentes

Hace un año, por estas fechas, los mexicanos (entiéndase como los mexicano aficionados al fútbol) aún estaban en estado de éxtasis por la medalla de oro conseguida en Londres en fútbol.

El triunfo fue contra Brasil, que a pesar de tantos campeonatos mundiales nunca se le ha dado la gloria del oro olímpico.

En agosto del 2012, el medio futbolístico estalló del gusto al ver a Oribe Peralta anotar el gol con el que se sellaría la entrega de la presea dorada.

Un mes antes, el torneo Esperanzas de Toulón entregaba a la Selección Mexicana un trofeo enorme que legitimizaba la calidad con que el equipo mexicano se dirigía a Londres.

Antes de eso, el equipo sub 23 ganó el torneo de clasificación a Londres 2012.

Y en 2011, la misma base de esa selección, ganó el oro en los Juegos Panamericanos de Guadalajara.

2013 es una historia distinta. Mucho se habla de los millones en pérdidas, pero en  esta exposición se hablará del sentimiento pseudo nacionalista.

Ese que en agosto del 2012 llenaba el pecho de los aficionados, que llenó de playeras verdes El Ángel de la Independencia en DF, o la Minerva en Guadalajara, ahora condena a la más profundo del infierno a los jugadores y  pide que caiga de la guillotina la cabeza del entrenador.

Primero José Manuel de la Torre y ahora Víctor Manuel  Vucetich.

Hace un año “(nosotros) ganamos la medalla de oro”. Este año ” ellos no van al mundial”.

Y este tipo de situaciones suceden cuando se cree demasiado en la frase de “el mundo es redondo porque es un balón”.

Hablando en serio

¿En realidad todo debe girar en torno a eso? Siendo sinceros, nuestra selección no está en las mejores 10, sus jugadores internacionales están en la banca o juegan porque o son ellos, o son otros menos buenos (como Carlos Vela o Giovanni Dos Santos). Los jugadores de la liga mexicana tampoco están a la altura de, por ejemplo, sus similares argentinos o estadounidenses. Y no es tan difícil entender eso.

La cosa es que, si hace un año cantaban el triunfo olímpico, ¿por qué este año los aficionados no son partícipes de la derrota?

El falso apoyo

Porque antes de decir “perdimos” he escuchado y leído comentarios de “pobres pendejos”, “Valen madre”, “su papi Estados Unidos”, “El Chicharito es un pendejo” o peor aún “soy español, pinche país mediocre”. El último comentario ni siquiera viene al caso porque no se puede pretender dar un análisis global de la situación de un país (además el tipo es mexicano) por un partido de fútbol. Da indicios, mas no resultados.

Repito, indicios. Porque ni el fútbol es el único deporte en México y atletas mexicanos han tenido éxito en sus disciplinas.

Ahí está Daniel Corral que ganó medalla de plata en el mundial de gimnasia. La primera de su tipo.

O los niños de la comunidad triqui de Oaxaca que fueron a un festival de básquetbol a Argentina. Jugaron descalzos y ganaron los 6 juegos que disputaron. Los apodaron “Los gigantes de la montaña”.

Estos son dos ejemplos actuales de que, sin dinero, patrocinio y reflectores, se puede llegar muy lejos.

Desigualdad en el fracaso

Ahora, que el fútbol es más popular, sí. Que es más redituable, también. Que el orgullo rebosa de cuantos aficionados al fútbol existen es cierto. ¿Y cuando pierden?

Hasta ahora se habla de los millones de pesos que se perderán. ¿Millones de quién? De las televisoras y patrocinadores y paremos de contar. Es cierto que también perderán los bares, los vendedores de souvenires, playeras no oficiales. Sin embargo nadie se ocupa de ellos.

¿Por qué? Porque sus logos no están bordados en las playeras.

¡Ah! Y los apostadores.

Los más jodidos son los aficionado porque son ellos quienes viven la pasión a través de sus “héroes”. Se permiten soñar a través de hazañas físicas que tal vez nunca puedan realizar por sí mismos.

¿De verdad es tan difícil?

El fútbol es un juego. Así de sencillo. Un juego inventado en Inglaterra que, originalmente, jugaban trabajadores del ferrocarril para desafanarse de las largas jornadas de trabajo.

El fútbol es un simple juego. 11 hombres (porque el fútbol femenil no levanta tanta expectación como el varonil) contra otros 11, todos intentando meter el balón en la portería contraria.

Luego se volvió profesión y entretenimiento para quien pagaba boleto para presenciar un partido.

Entretenimiento.

Procesos

Esta debacle, además es una consecuencia natural de un proceso. La línea descendente de una curva para dar un ejemplo.
Otros equipos llevan esa curva un poco menos pronunciada hacia abajo (Alemania, Holanda, Brasil, Italia) por el tipo de organización tanto de sus federaciones como de sus cuerpos técnicos y jugadores.

El proceso del equipo mexicano es distinto y por eso el equipo cayó tan rápido.

Esto se complicó porque la euforia y el brillo de la medalla de oro encandiló a todos los que no se preocuparon por mantener el nivel.

Decio de María, Justino Compeán, la directiva de dueños, jugadores y cuerpo técnico.

Todos tienen la culpa. No sólo Javier Hernández por no meter el gol contra Costa Rica. No sólo Vucetich por no meter a jugar a Lucas Lobos.

Conclusiones

  • Hay mucho que entender y poco tiempo para hacerlo. El repechaje se viene encima y tal vez Nueva Zelanda no es un equipo reconocido, pero ahora se merece más el pase al mundial que México.
  • No hay razón para perder la cabeza por un simple juego (salvo que seas apostador). La “miseria” de un resultado de fútbol se considera y se sufre al momento, pero no debería ir más allá. Habría menos personas muertas por la “pasión” hacia un equipo. Revisar el caso de los aficionados colombianos que mueren en hechos violentos relacionados con su afición al fútbol.
  • Igual no se pierde mucho futbolísticamente hablando. La mitad del equipo tiene medalla olímpica y panamericana. Una cuarta parte ha jugado  ganado trofeos en Europa. El resto son lo suficientemente jóvenes como para lograr algo de la vida futbolística, incluso para llegar al siguiente mundial (en caso de perder contra Nueva Zelanda). Así que no hay razón para martirizarse tanto.
  • Finalmente y no menos importante: ¡¡¡ES UN PINCHE JUEGO!!! Y un juego no es suficiente razón para lamentarse.
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