Despierto en otra cama

Adiós

Por Laura Meza

Despierto en otra cama.

Me detengo un segundo.

Sí, ya recuerdo. Tu piel, la mota, mis ganas. Miro alrededor busco mis botas,  jeans y bolso. Me visto frenéticamente. Voy al baño, regreso, te despierto como a un niño de primaria con un beso delicado y hablándote al oído con un susurro casi imperceptible.

–       Ya me voy

–       ¿Te acompaño?

–       No hace falta, sigue durmiendo, ya conozco el camino

No permito que vengas conmigo. Si vinieras no tendría ya de que hablarte, o tal vez si. Así que mejor seguimos el ritual de cordialidad, con un beso tierno y un “nos vemos” que promete que no todo está perdido, pero no es más que un acto de hipocresía para apaciguar al demonio de la incredulidad.

Salgo intempestivamente, cierro de un portazo. De repente siento la brisa matinal helando mi piel, giro, busco la calle.

Ya conozco el camino, lo he recorrido cientos de veces, un montón de noches, en primavera, en invierno, pero ésta vez tengo una sensación diferente, no quiero saber por qué. Camino de prisa, no sé si hacia la rutina del día, o si sólo estoy huyendo de anoche (y que noche…) pero prefiero huir,  fingir que no pasa nada, después de todo ha sido sólo una noche de efímera felicidad.

 

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