Historia de un migrante en Guadalajara

Imagen ilustrativa de migrantes en su paso por Guadalajara

Imagen ilustrativa de migrantes en su paso por Guadalajara

Por Gladys Trujillo

Dos hombres se edad indeterminada suben a un camión de la ruta 54 A  de Guadalajara, se detuvieron a un lado del chofer de la unidad y emitieron un discurso,  bueno, sólo uno de ellos.

-Hola, muy buenas tardes. No quiero interrumpirlos y si les causamos molestias, espero que nos disculpen. Nosotros no queremos causar molestias, ni ofenderlos. Nosotros venimos aquí, a pedirles una ayuda.- dice el hombre.

Su acento delata que es centroamericano y si pide ayuda es para completar su paso hasta Estados Unidos. Guadalajara es la escala obligada, debido a que es uno de los cruces importantes del tren, de la “Bestia” esa que se descarrila a cada rato y trunca las aspiraciones de los migrantes.

-Ojalá que puedan ayudarnos, ahorita todo está muy duro. Una bendición, algún alimento, cualquier cosa que pueda ayudarnos en este camino.- Su compañero sólo asiente con la cabeza a cada palabra.- Como les digo, no queremos ofenderlos, menos en su ciudad. No queremos eso y menos que nos caiga una redada (de inmigración) porque cada vez están más duras. Yo hablo con respeto, porque prefiero pedir a que nos vean como delincuentes, no somos eso. Estamos un poco cansados de que nos vean así – continuó el chico, que si bien se ve mayor de 30, podría tener menos. Su cara y sus manos se ven desgastadas por el viaje, las carencias y la mugre que hay sobre él.

Del otro hombre no se sabe nada, está ahí, sólo de pie, tras su compañero, pero no habla.

El primer hombre continúa con su discurso.

-Miren que nosotros no les pedimos más de lo que puedan darnos, víveres, un poco de agua, una bendición, cualquier cosa que nos pueda ayudar a seguir con nuestro “sueño” (comillas al aire puestas por él) que al final sigue siendo un sueño.

Sueño que ha sido truncado para 70 mil 14 migrantes deportados, de los cuales 30 mil 98 eran guatemaltecos, 26 mil 341 hondureños, 11 mil 388 salvadoreños (dato de 2012).

Que ahora, para los que vengan tras este hombre se verán en la dificultad de la nueva estipulación, de hacer que el tren que va de Tapachula, Chiapas hasta Nogales, Sonora.

-Pero tampoco quiero hacerme el triste. Si pueden ayudarnos con algo, se los agradeceremos. Muchas gracias por su atención, me despido, soy Juan, porque también tenemos nombre. Soy de Guatemala, mi amigo se llama (ininteligible) catracho él. Originaio de San Pedro Sula. Gracias de nuevo y que Dios me los bendiga.

“También tenemos nombre”… ni cifras, ni indocumentados, ni ladrones, ni mugrosos. Todos tienen una identidad definida que pocos llegan a conocer. Que se pierden en el anonimato de una fosa, de un cadáver, de una persona detenida o deportada. De una persona maltratada o mal pagada en un empleo en México o Estados Unidos.

Personas que sólo existen en los registros civiles de sus países de origen, pero que en la práctica de las políticas públicas, programas de salud y seguridad no son contempladas y que al menos en México, son sólo utilizados con fines electoreros y que tras los procesos de elecciones, vuelven a desaparecer.

Entonces Juan y su compañero bajan del camión para seguir con la recolección de víveres y dinero… para continuar con su camino hacia Estados Unidos.

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