22 de abril, recuerdo de las explosiones

Abril de 1992: rescatistas retiran escombros, días depués de las explosiones provocadas por derrames de gasolina en el sector Reforma de GuadalajaraCreo que estaba en el kinder. Mi hermana tenía 6 meses de edad y mi mamá estaba embarazada cuando recibimos la noticia de las explosiones. Aun así, mamá corrió como si no tuviera una barriga de embarazo.

El lugar donde vivíamos entonces no estaba cerca de donde sucedieron las explosiones del 22 de abril, en el barrio de Analco.

Sin embargo, la psicosis que sembró la frase “explotó Guadalajara” fue tal, que personas de otros estado de México con familia en la ciudad, saturaron las líneas telefónicas para corroborar que sus seres queridos estuvieran vivos, aún si no vivían en la zona.

“Explotó Guadalajara”, hizo pensar a los de fuera que toda la ciudad había desaparecido.

Mi mamá también se asustó y por suerte ya su embarazo estaba avanzado, sino, probablemente yo no tuviera un hermano de 24 años actualmente.

Salió corriendo conmigo en una mano y mi hermana cargada en otra, con una pañalera como para sobrevivir el apocalípsis zombie y pasó por una de sus hermanas, que para ese entonces, era su vecina.

Ambas con todo e hijos se dirigieron a la casa de mis abuelos, en Las Juntas, Tlaquepaque, aún más lejos de la explosión.

Apenas llegó a la casa paterna, mamá tomó el teléfono para buscar a mi papá, que para aquel entonces era chofer y hacía entregas por toda la ciudad. Ese día no estuvo cerca del lugar.

22 de abril 1

Eso sí, el sonido de las sirenas de ambulancia y de patrullas se extendió por mucho más terreno fuera del sector Reforma.

Probablemente la memoria de las explosiones en Analco se haya borrado en el resto del país, pero en Jalisco es una herida abierta.

Muchas familias quedaron incompletas y heridas. Si bien el dinero no regresa a las personas perdidas,  duplica el dolor si hay heridas físicas que no son atendidas cuando hace falta.

Muchas personas no fueron indemnizadas y viven enfermas, mutiladas o desamparadas desde entonces. Perdieron familia, perdieron sus bienes.

¿Se imaginan el dolor de perder a la familia, pero además, padecer día a día lesiones de ese evento, mismo que impide la resignación?

Un duelo perpetuo.

Familiares desaparecidos, fallecidos que fueron omitidos o escondidos por el gobierno.

Hay cicatrices que duelen, pero esta,  en Guadalajara, es una herida que no cierra.

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